Colección 30 años - Los archivos de la Democracia

Argentina en la región y en el mundo

En un breve relato histórico, es posible señalar que la política exterior del gobierno de Raúl Alfonsín parte de la consideración de la Argentina como país occidental y no-alineado en un mundo que aún respondía a la lógica bipolar de la Guerra Fría. En consecuencia, se intentó la diversificación de las relaciones exteriores, priorizando los vínculos con las socialdemocracias europeas y con las repúblicas del bloque hegemonizado por la URSS.

Con respecto a los Estados Unidos, se buscó mantener una relación «madura» aunque esta no estuvo exenta de conflictos, considerando el peso de la deuda externa argentina y la presión de los organismos unilaterales de crédito con base en el país del Norte.

En el contexto regional, se dio por concluida la hipótesis de conflicto con las naciones vecinas y se impulsó un acercamiento a América Latina. Esta política cobró carácter especial con Brasil, país con el que se firmaron acuerdos de cooperación nuclear, técnica e industrial, para luego articular en conjunto el Programa de Integración y Cooperación, piedra angular de la formación del Mercosur (1991).

Durante la presidencia de Carlos Menem, se avanzó en la construcción del Mercosur, al tiempo que cambió la política de no alineación y se profundizó la tendencia de negociar con los organismos financieros internacionales. La Argentina se hizo eco de los postulados del Consenso de Washington, lo que se tradujo en una alineación automática con la política exterior de los Estados Unidos que se sellaría con la visita su presidente George W. Bush a la Argentina. A partir de ese momento, la Argentina es el único país entre los latinoamericanos que vota con Estados Unidos en conflictos internacionales como la Guerra del Golfo (1991) y apoya las políticas de condena a Cuba que ese país impulsa. En ese contexto, el país se convierte en escenario de atentados terroristas como el de la Embajada de Israel y el de la mutual judía AMIA, que extienden a nuestro territorio conflictos internacionales. Del mismo modo, la explosión de la fábrica militar de Río Tercero puso en evidencia la política de venta ilegal de armas de la Argentina a Ecuador y a Croacia.

La administración Menem, en el marco de la profundización de las políticas neoliberales, estrechó vínculos con las potencias europeas considerándolas aliadas comerciales, en particular con España, cuyas empresas fueron beneficiarias de los procesos de privatización.

Estos lineamientos fueron en buena medida continuados en 1999 por el gobierno de la Alianza y se expresaron en intentos de acercamiento al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), liderada por los Estados Unidos. Paralelamente, y como consecuencia de la misma política, las disposiciones de los organismos financieros internacionales continuaban marcando la agenda nacional.

Tras los sucesos de diciembre de 2001, se produciría un quiebre en la política interna y exterior de la Argentina. Justamente en primeros años del siglo XXI, con el gobierno de Néstor Kirchner, se cuestionó la alineación al Consenso de Washington y la política bilateral con Estados Unidos. En consecuencia, se decidió reforzar los vínculos con algunos gobiernos latinoamericanos que habían comenzado a salirse de las políticas neoliberales impuestas en los años previos. Este reagrupamiento se puso de manifiesto en la Cumbre de Mar del Plata (2005), donde la resistencia al ALCA marcó un punto de inflexión en las relaciones internacionales y se consolidó con la posterior creación de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). Desde entonces, la alianza con los gobiernos progresistas de América Latina ha sido un eje central de la política exterior argentina, profundizada con la integración de más países de América Latina y el Caribe a través del fortalecimiento institucional del Mercosur, la Unasur y la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños).

Además, la Argentina se ha posicionado en el escenario internacional participando en los foros y organismos que abordan problemáticas de derechos humanos, medioambientales, nucleares, espaciales y en materia de desarme y anticolonialismo. Sobre éste último punto, la situación de las Islas Malvinas ha sido uno de los grandes temas de la política exterior de nuestro país en estos últimos 30 años, aunque ha tenido distinto tratamiento según las administraciones.

En este sentido, el gobierno de Alfonsín propuso el diálogo como única vía de solución al tema, sin resultados en el objetivo de recuperar la soberanía argentina. Posteriormente, durante los gobiernos de Menem se desplegaron políticas de «seducción» a los pobladores y se reestablecieron las relaciones diplomáticas con Gran Bretaña a ocho años de la guerra del Atlántico Sur, pero nunca se llegó a abordar el tema de la soberanía.

En contraposición, durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, se propuso a Gran Bretaña integrar una mesa de negociación y el reclamo de soberanía se convirtió en eje de las intervenciones de la Argentina en organismos y reuniones internacionales, contando con el apoyo de los países de la región que integran la Unasur. También en esta última década, el tema Malvinas pasó a primer plano interno con la multiplicación de las pensiones a los veteranos de guerra y la presentación del informe Rattenbach.

El panorama internacional de estos años de democracia se completa con dos situaciones paradigmáticas por su resolución. La primera fue el conflicto con la república de Chile por el Canal de Beagle, que el gobierno de Alfonsín resolvió con un acuerdo tras convocar en 1984 a una consulta para que la ciudadanía se expresara sobre sus términos. Pesaba en la memoria la tensa situación vivida con el vecino país durante la última dictadura militar. La otra situación fue el conflicto de intereses que desató la instalación de plantas de producción de pasta celulosa de capitales internacionales en las cercanías de Fray Bentos, república de Uruguay, que vulneraba derechos ambientales. Después de casi tres años de tensión y negociaciones, el conflicto fue resuelto con un fallo definitivo de la Corte Internacional de Justicia de la Haya (2010).

En este archivo de la colección, se podrán analizar voces, testimonios e imágenes de los diferentes conflictos, acuerdos y negociaciones que signaron la vida diplomática argentina y sus vínculos con el mundo a lo largo del proceso democrático.




 

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